lunes, 11 de febrero de 2013

Buenos días, 11 de febrero de 2013


El matrimonio debe combatir sin tregua un monstruo que todo lo devora: la costumbre
Honoré de Balzac

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Tres sacerdotes podrían representar a Alemania en Eurovisión cantando música gregoriana

Una versión pop de cantos gregorianos podría llevar a este trío de sacerdotes católicos alemanes al Festival de Eurovisión. El día de San Valentín se elegirá al candidato que representará a Alemania en el tradicional festival europeo de la canción.  

Aunque el escenario no parece un lugar poco adecuado para un grupo de sacerdotes, ya están acostumbrado a los focos. En 2011 entraron en el top 10 de discos más vendidos en Alemania con una selección de gregoriano. Y ahora pueden volver a lo más alto.

Para el concurso junto a los sacerdotes Vianney Meister, Andreas Schatzkle y el abad Rhabanus Petri cantará la soprano Mojca Erdmann. Cantarán Ave Maris Stella, un canto gregoriano en honor la Virgen María que se remonta a la Edad Media.

No faltan las comparaciones de este nuevo trío musical con otros dos tríos de sacerdotes: The Priests, de Irlanda y Les Prètres de Francia.


SANTORAL

Nuestra Señora de Lourdes


Pedro Jesús Maldonado Lucero, sacerdote y mártir; Lucio, Deseado y Desiderio, Calocero, Castrense, Lázaro y Secundino, Adolfo, Ecián, obispos; Saturnino, Dativo y Félix, Ampleio, mártires; Jonás, Pedro de Guarda, Cedmón, monjes; Gregorio II y Pascual, papas; Severino, abad; Eloísa y Teodora, emperatriz.



REFLEXIÓN:
¿Cómo Sabes?


Hace muchos años, en una pobre aldea china vivía un labrador con su hijo. Su único bien material, aparte de la tierra y de la pequeña casa de paja, era un caballo que había heredado de su padre.  Un buen día el caballo se escapó, dejando al hombre sin animal para labrar la tierra. Sus vecinos —que lo respetaban mucho por su honestidad y diligencia— acudieron a su casa para decirle cuánto lamentaban lo ocurrido. Él les agradeció la visita, pero preguntó:

¿Cómo podéis saber que lo que ocurrió ha sido una desgracia en mi vida?  Alguien comentó en voz baja con un amigo:

«Él no quiere aceptar la realidad, dejemos que piense lo que quiera, con tal que no se entristezca por lo ocurrido».

Y los vecinos se marcharon, fingiendo estar de acuerdo con lo que habían escuchado.

Una semana después, el caballo retornó al establo, pero no venía solo: traía una hermosa yegua como compañía. Al saber eso los habitantes de la aldea alborozados, porque sólo ahora entendían la respuesta que el hombre les había dado, retornaron a casa del labrador para felicitarlo por su suerte.

Antes tenías sólo un caballo, y ahora tienes dos. ¡Felicitaciones!—dijeron.

Muchas gracias por la visita y por vuestra solidaridad —respondió el labrador.  

¿Pero cómo podéis saber que lo que ocurrió es una bendición en mi vida?

Desconcertados, y pensando que el hombre se estaba volviendo loco, los vecinos se marcharon, comentando por el camino:

«¿Será posible que este hombre no entienda que Dios le ha enviado un regalo?».

Pasado un mes, el hijo del labrador decidió domesticar la yegua. Pero el animal saltó de una manera inesperada, y el muchacho tuvo una mala caída rompiéndose una pierna.  Los vecinos retornaron a la casa del labrador, llevando obsequios para el joven herido. El alcalde de la aldea, solemnemente, presentó sus condolencias al padre diciendo que todos estaban muy tristes por lo que había sucedido.  El hombre agradeció la visita y el cariño de todos. Pero preguntó:

¿Cómo podéis vosotros saber si lo ocurrido ha sido una desgracia en mi vida?

Esta frase dejó a todos estupefactos, pues nadie puede tener la menor duda de que un accidente con un hijo es una verdadera tragedia.  Al salir de la casa del labrador, comentaban entre sí:

«Realmente se ha vuelto loco; su único hijo se puede quedar cojo para siempre y aún tiene dudas de que lo ocurrido es una desgracia».

Transcurrieron algunos meses y el Japón declaró la guerra a China. Los emisarios del emperador recorrieron todo el país en busca de jóvenes saludables para ser enviados al frente de batalla. Al llegar a la aldea, reclutaron a todos los jóvenes excepto al hijo del labrador que estaba con la pierna rota.  Ninguno de los muchachos retornó vivo. El hijo se recuperó, los dos animales dieron crías que fueron vendidas y rindieron un buen dinero. El labrador pasó a visitar a sus vecinos para consolarlos y ayudarlos ya que se habían mostrado solidarios con él en todos los momentos.  Siempre que alguno de ellos se quejaba el labrador decía:

¿Cómo sabes si esto es una desgracia?  Si alguien se alegraba mucho, él preguntaba:

¿Cómo sabes si eso es una bendición?

Y los hombres de aquella aldea entendieron que, más allá de las apariencias, la vida tiene otros significados.



ORACIÓN:

Ven, Espíritu Santo, ilumina y fortalece mi espíritu para que, como María, pueda disponer mi mente y mi corazón a escuchar y responder con generosidad a lo que hoy me quieres decir en esta meditación.

Petición

Ayúdame, Señor, a no abusar de mi libertad al someterme a la esclavitud de mis pasiones: orgullo, vanidad, sensualidad.

Meditación del Papa

María ha pronunciado su "fiat", "se ha abandonado a Dios sin reservas y -se ha consagrado totalmente a sí misma, como esclava del Señor, en la persona y en la obra de su Hijo-" [...] María ha creído de verdad que "nada es imposible para Dios" y, firme en esta confianza, se ha dejado guiar por el Espíritu Santo en la obediencia cotidiana a sus planes. ¿Cómo no desear, para nuestra vida, el mismo abandono confiado? ¿Cómo nos podremos oponer a esta felicidad que nace de una profunda e íntima familiaridad con Jesús? Por esto dirigiéndonos hoy a la "llena de gracia", le pedimos obtener para nosotros también, de la Providencia Divina, el poder pronunciar cada día nuestro "sí" a los planes de Dios con la misma fe humilde y sincera con la que Ella pronunció el suyo. Ella que, acogiendo en sí la Palabra de Dios, se abandonó a Él sin reservas, nos conduzca a una respuesta más generosa e incondicional a sus proyectos, también cuando en ellos se nos llama a abrazar la cruz. (Benedicto XVI, 1 de junio de 2011).


Propósito

Rezar un rosario y pedir a María su intercesión para crecer en la fe.

Diálogo con Cristo

Jesús, ayúdame para que el sí amoroso e incondicional de María se grabe profundamente en mi corazón. Que su ejemplo de obediencia y generosidad sea el faro que guíe mi vida. Que sepa comprender y transmitir la alegría de tu encarnación. Éste es el compromiso del Adviento: llevar la alegría a los demás, porque la alegría es el verdadero regalo de la Navidad. Esa alegría la puedo comunicar de un modo sencillo: con una sonrisa, con un gesto bueno, con una pequeña ayuda, con un perdón.


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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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 «Con los pobres tuve la certeza de que Diosexiste, de que es amor... ¡y quedé muy
sorprendido!»

Habla como pinta. Destila palabras y silencios con el mismo estudiado cuidado que utiliza al escoger los objetos, los colores y la luz de sus cuadros. Francisco José Gómez  Argüello, conocido por todos simplemente como “Kiko”, cuenta su historia y la del  Camino Neocatecumenal en el Centro Internacional Siervo de Yavé de Porto San Giorgio, en la provincia de Fermo, ante un cuadro en el que ha pintado los principales hechos de la vida terrena de Jesús, desde el pesebre de Belén al sepulcro vacío, sello de la Resurrección; más de veinte metros de historia sagrada que por tramos y por proximidad cromática parecen un compendio de la pintura occidental, desde Giotto a Matisse, pasando por Picasso.

Pobreza, embrutecimiento moral, sustancial ignorancia de Dios: el Camino Neocatecumenal comenzó a tomar forma en los años sesenta en la periferia más mísera de Madrid.

‐¿Qué llevó a un burgués de buena familia como usted a irse a vivir a un lugar como aquél?

‐A lo largo de mi vida he tenido varios encuentros con el Señor. Uno de los más importantes fue allí, ante el sufrimiento de los inocentes. Yo tenía mi estudio de pintor junto a la plaza de España en Madrid. La Navidad solía festejarla con mis padres. Un año entré en la cocina y vi a la mujer que trabajaba en casa de asistenta, llorando. 

‐ ¿Qué había ocurrido?

‐ Su marido era alcohólico. Pegaba a sus hijos. El mayor se había enfrentado a él alguna vez con un cuchillo. Estaba aterrorizada por la idea de que se mataran. Yo no sabía cómo ayudarla. ‘Venga a hablar con mi marido’, me pidió. Fui y quedé impresionado por el lugar donde vivían: un arrabal polvoriento y sucio. 

Yo, que me había vuelto a acercar a la fe y a la Iglesia, pero que seguía atormentado por miles de dudas, los acompañé a los Cursillos de Cristiandad. Él quedó sorprendido al verme hablar de Jesucristo. Aceptó lo de intentar dejar la bebida, cosa que consiguió unos meses más tarde. Luego, lamentablemente, volvió a las andadas. 

Trabajaba de barrendero. La costumbre era tomarse una copa al final de la jornada.
Pero las copas empezaron a ser dos, luego tres… cuatro… Cuando volvía a casa borracho se volvía violento. Su mujer entonces me llamaba, y yo era el único que la escuchaba. Pero aquello no podía seguir así. 

‐ ¿Y qué hizo?
‐ Pensé que Dios me estaba pidiendo que me fuera a vivir con aquella familia, ayudándole a él a mantener el trabajo y a vencer la esclavitud del alcohol, y defendiendo a los más débiles de la casa: aquella mujer y sus hijos. Y sin darle más vueltas, me fui. La cocina estaba llena de gatos. La miseria y la degradación reinaban dentro y fuera. Yo estaba atormentado: ¿por qué aquella gente sufría tanto? ¿Por qué Dios permitía aquel calvario? Mi mente y mi corazón estaban heridos por los conceptos de los que, en mi periodo agnóstico, consideraba mis maestros: Friedrich Nietzsche, Albert Camus y Jean‐ Paul Sartre.

‐¿Qué quiere decir exactamente?

‐ Parafraseando a Nietzsche, se podía afirmar: si Dios no quiere ayudarlos, es que es un monstruo; y si no puede, es que no existe. Frases envenenadas. ¿Podía Dios ayudar a aquella mujer o no? ¿Y si podía, por qué no lo hacía? ¿Dios existe? Al final abandoné todas estas preguntas. 

¿Sabes lo que vi? En aquella mujer vi a Cristo, de la misma manera que he visto a Cristo en la mujer con párkinson, abandonada por su marido y con un hijo demente que por allí cerca arrastraba una existencia miserable, viviendo de limosna. Vi el misterio de Cristo que carga sobre sí el dolor del mundo y lo redime. 

La búsqueda intelectual y filosófica de Dios me habían me habían hecho encallar. El encuentro con los pobres, los marginados, los enfermos; el vaciamiento interior progresivo, las humillaciones: fue entonces cuando Dios se manifestó. Tuve la íntima certeza de que existía. Y de que era amor. Y me quedé enormemente sorprendido, lo digo sinceramente. De pronto me sentí apaciguado, sereno. Y libre. ¡Si Dios existe, yo también existo! Después me llamaron para hacer el servicio militar y me mandaron a África.

‐ Y cuando volvió a Madrid se fue con los gitanos…

‐ Un asistente social me indicó la zona de Palomeras Altas, donde, entre muchas otras, había una chabola de tablones de madera. Me dijo, métete ahí. Y me mudé con una Biblia y la guitarra. Y allí, entre gitanos, prostitutas y desechos humanos comenzó todo.

Era el año 1964. Yo quería vivir en las chabolas como Charles de Foucauld, en contemplación, adorando a Jesús crucificado en los más pobres. Pensaba: si mañana Cristo volviese me gustaría que me encontrara al pie de los inocentes, crucificados por los pecados de los demás. Así fue como me quedé a vivir entre los pobres.

‐Pero no siguió en los Cursillos de Cristiandad, ni se hizo Hermano de Charles de Foucauld, sino que dio inicio al Camino. 

¿Cómo ocurrió?

‐Debo mucho a ambas experiencias. Creo poder decir que fue Dios el que quiso que yo, junto a otros, sobre todo a Carmen Hernández, que ha sido tan importante por su formación teológica y misionera, pudiese poner en marcha una nueva síntesis teológico–catequética.

Los pobres nos han obligado a elaborar nuevas formas de predicación. Una vez, un patriarca gitano me llevó a una cueva ennegrecida por el humo de las velas y del carbón que utilizaban para calentarse. Me pidió que hablara de Dios ante un grupo de gitanos que se habían reunido allí. Yo me sentía indigno y me resistía. Pero su madre fue tajante: ‘¿Ha visto alguna vez a un muerto volver del cementerio? Mi padre está bajo tierra, y también mi abuelo. ¿Ha visto usted a alguno de ellos regresar con vida?

¿No? Entonces no le escucho’.

Aquella mujer me ayudó, a mí y a todos nosotros, a redescubrir el kerygma, palabra griega con la que se indica el corazón del mensaje evangélico: el anuncio del Dios que se hace hombre, muere y resucita para nuestra salvación. 

‐ ¿Qué es el Camino?

‐ Es una iniciación cristiana. Frente a un mundo completamente secularizado que ha perdido a Dios es necesario comprender a fondo qué significa creer. El Camino tiene diversas etapas y puede durar hasta treinta años, el tiempo que separa el nacimiento de Jesús del inicio de su predicación pública. Baja mucho a lo concreto. 

¿Cómo se manifiesta la naturaleza divina que hemos recibido como don? ¿Acaso pensamos que es suficiente con ir a misa los domingos o rezar de vez en cuando? Por ejemplo: ¿cómo vivimos la llamada al perdón de los enemigos y a no oponer resistencia al mal? Todo el Camino se funda sobre la palabra de Dios, sobre la liturgia y sobre la comunidad, tres realidades indisolublemente ligadas a las que llamamos el trípode.

‐Y pone mucha atención en las familias…

‐ Es uno de los ejemplos más bellos de relación de amor. El Camino cuenta con 842 familias enviadas en misión a los diversos continentes, hijos incluidos. Unas cincuenta de ellas están en China.

‐ Hace años algunos dijeron que repetíais el Bautismo...

‐ No. Pero sí es cierto que profundizamos en los diversos ritos que componen el Bautismo para que todos sean conscientes de lo que significa y de lo que conlleva ser criaturas nuevas en el Señor.

‐ Estáis arraigados en muchas parroquias. Y aquí y allá surgen problemas…

‐ Nosotros ofrecemos nuestra experiencia y estamos listos para colaborar con los párrocos que, por otra parte, saben que pueden contar con nosotros, porque somos puerto de amarre de muchos no creyentes, los llamados alejados. Las incomprensiones, cuando se dan, nacen a menudo del desconocimiento de quiénes somos verdaderamente, y de qué es lo que hacemos. Y esto vale también para los obispos que nos hostigan. La Iglesia, madre y maestra de todos, nos ha seguido y alentado en  las personas de los Papas de los últimos decenios: Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI.

‐¿Y con las demás realidades eclesiales cómo se llevan? ¿Hay colaboración, competitividad, o desencuentro?

‐Estamos en comunión con Comunión y Liberación, el Opus Dei y tantas otras realidades, incluidas la Comunidad de San Egidio y los Focolares. Ciertamente, si alguna realidad deja de tener como brújula la Biblia y el Magisterio y escoge puntos de referencia más mundanos o políticos, no nos tendrá de su lado. 

‐¿El arte es un camino o un obstáculo para llegar a Dios?

‐El arte es una manifestación, una expresión del amor. El arte es relación. Y nos remite a la relación en la cual se funda la Trinidad. Y la Iglesia. Tomemos ejemplo de la creación tal como nos viene presentada por el libro del Eclesiástico, capítulo 42: Todas las cosas van de a par, una enfrentando a la otra; el Señor no ha hecho nada imperfecto. La una destaca a la otra: ¿quién se cansará de contemplar su gloria?

En mi evolución personal estoy intentando conjugar al máximo la pintura occidental con la oriental, fascinado por esta última que no tiene perspectiva, ni punto focal, ni calcula proporciones, que no se presenta como una ventana entreabierta por la que podemos mirar de reojo lo sagrado, sino, –cómo decirlo– que comunica con serena certeza una noticia: Dios existe, se presenta, aquí lo tenéis. 

‐ ¿Cómo estáis viviendo el año de la fe?

‐ Alternando la actividad ordinaria con los eventos especiales. Queremos anunciar el evangelio en la calle. Entre Pascua y Pentecostés, solo en Roma lo haremos en más de cien plazas.

(Traducción del italiano por Mar Velasco)



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