jueves, 31 de enero de 2013

Buenos días 31 de enero de 2013


Lo que ha transformado al mundo, no es la Ciencia, sino la Caridad

Giuseppe Moscati


VIDEO

MOSCATI

Este viernes llega a la cartelera española la película Moscati, una historia real de amor en el Nápoles de principios del siglo XX, la del llamado "médico de los pobres". La Federación Internacional de Médicos Católicos (FIAMC), de la que este santo médico italiano fue socio, animó a ver y promocionar este film recordando una de sus frases: "Lo que ha transformado el mundo, no es la ciencia, sino la caridad”.

"Peppino era uno de los mejores -destaca el presidente de la FIAMC, José María Simón-. Canonizado por la Iglesia y un gran profesional médico (como debe ser, todos los santos son buenos profesionales en lo suyo; buenos técnicos y buenos humanistas); era muy devoto de la Virgen de Lourdes y fue médico de la asociación médica de Lourdes".

San José Moscati fue un médico dedicado al cuidado y atención de los enfermos, en especial de los más pobres. Curaba sus cuerpos y sus espíritu sumergiéndose en sus casas y en sus vidas, convirtiéndose en el único pilar de apoyo y supervivencia de muchos de ellos.


  

SANTORAL

Juan Bosco, Patrono de aprendices, cinema e ilusionismo, confesor y fundador de la Familia Salesiana;

GeminianoobispoCiro y Juan, Tarsicio, Saturnino, Tirso y Víctor, Zótico, Ciriaco, Trifena, Sergio, mártiresJulio, presbíteroMarcela, Luisa Albertonia, viudasFrancisco Javier María Bianchi, confesor.



REFLEXIÓN:

Muchas veces perdemos mucho tiempo intentando descubrir la causa de nuestros fracasos y frustraciones, cuando podríamos simplemente buscar una forma de no incurrir más en los mismos errores. Muchas veces nos escondemos para que nadie perciba todo lo tristes somos, cuando nos deberíamos esforzar para que la tristeza fuese transformada en alegría.

Muchas veces nos lamentamos y murmuramos por creer que estamos perdidos, sin buscar el camino en el que seremos encontrados y salvados.

Parece que la incredulidad es más atrayente que la fe y la esperanza.

Nos impresionamos más con las pérdidas que con lo ganado.

Damos más énfasis a las derrotas que a las victorias.

Corremos con más facilidad hacia la dirección de los engaños que en dirección a la verdad y a las bendiciones.

La Palabra del Señor nos enseña que nuestra libertad no viene del conocimiento de nuestros errores y sí de la verdad. ¡Es ella la que nos liberta! ¡Es ella la que alegra nuestros corazones! ¡Es ella la que transforma todos nuestros días!. Jesus es la Verdad... es el camino para nuestra felicidad.

¿Cuál es la solución para la falta de amor?

¿Cual es la solución para la falta de fe?

¿Cuál es la solución para la falta de sueños?

¿Cuál es la solución para los qué están perdidos?

¿Cual es la solución para los qué están presos del pecado?. La respuesta para todas las preguntas es una sola: ¡Jesus el Cristo!


ORACIÓN:

Señor, te pido que esta oración me prepare interiormente para tu venida la próxima Navidad. Concédeme dejar de lado todos las cosas pendientes, las distracciones que me hacen sordo a tu voz. Abre mi corazón y dame un espíritu dócil y generoso para hacer vida el Evangelio de este día en mis pensamientos, palabras y acciones.

Petición
  
Padre bueno, dame la sabiduría para saber reconocerte en mis hermanos más necesitados.

Meditación del Papa

El más célebre de estos hombres de Dios fue el gran profeta Elías, que en el siglo IX antes de Cristo defendió valerosamente en contra de la contaminación de los cultos idólatras, la pureza de la fe en el Dios único y verdadero. [...] María, fue la primera que creyó y experimentó, de modo insuperable, que Jesús, Verbo encarnado, es el culmen, la cumbre del encuentro del hombre con Dios. Acogiendo plenamente su Palabra, "llegó felizmente al santo monte", y vive para siempre, en alma y cuerpo, con el Señor. A la Reina del Monte Carmelo deseo encomendar hoy a todas las comunidades de vida contemplativa esparcidas por el mundo y, de modo especial, a las de la Orden del Carmen, entre las cuales recuerdo el monasterio de Quart, no muy lejos de aquí, que he visitado en estos días. Que María ayude a todos los cristianos a encontrar a Dios en el silencio de la oración. Benedicto XVI, 16 de julio de 2006.

Propósito

Rezar, preferentemente en familia, un rosario para encomendar a María a todas las comunidades de vida contemplativa.

Diálogo con Cristo

Como bautizado soy como un nuevo Elías o Juan el Bautista, un instrumento para preparar y abrir los corazones de los demás para la venida de su Hijo. María, en este sábado, dedicado a tu memoria, enséñame a reconocer a tu Hijo Jesucristo por medio de la oración. Intercede ante tu Hijo para que aumente mi fe y tenga la confianza que tú siempre tuviste y, sobre todo, la humildad que caracterizó tu vida, para cumplir así con todo lo que me pidas.



-------------------------------------------------------------
ESPECIAL BUENOS DÍAS
------------------------------------------------------------- 

El desamparo interior


La situación de crisis económica y moral que estamos padeciendo no sólo trae paro, desahucios, pobreza familiar y social, etc., si no también otros males espirituales más profundos de los que suele hablarse poco.

En tiempos pasados, de bonanza, quien no se enriquecía antes de los treinta años era considerado un perdedor. Todo se sobreestimaba por encima de su valor y utilidad, buscando eufemismos comerciales que, aparentemente, justificaran tales operaciones económicas y financieras. El dinero público parecía no tener dueño y estar más al servicio de la clientela ideológica y política que del pueblo, al que pertenece. Había una obsesión por vivir para el trabajo, para la empresa, para consumir por encima de las posibilidades. Cualquier predicación o consejo acerca de valores como la verdad, honradez, lealtad, familia, natalidad, justicia social o comportamiento ético, era tachado rápidamente de moralina, mentalidad estrecha o una cantidad de calificativos que ridiculizaban o silenciaban cualquier tentativa de rearme moral. Se tiraron por la borda muchas tradiciones con sentido. Ahora de pronto, todo se ha caído, no hay dónde agarrarse, se ha perdido el propio centro de la persona. El materialismo y el nihilismo envolventes han originado el desamparo interior en muchas de las víctimas de una época marcada por la avaricia.

En estos momentos, no se trata únicamente de recomponer las estructuras económicas, financieras y administrativas de un país como el nuestro en gravísimas dificultades, si no también hay que sanar los corazones destrozados de los parados y desempleados, que sufren la carencia del pan de cada día, el vacío de ideales y de entusiasmo por seguir luchando. Así, escuchamos continuamente lamentaciones que reflejan lo que venimos diciendo: “Me limito a ir tirando”, “Me siento como en un túnel, no sé por dónde salir”, “Mi vida está acabada… “¿A dónde voy con los años que tengo?”, etc…

La salida de la crisis es obra de toda la sociedad. Las reformas necesarias pueden ser urgentes o dolorosas para un sector de la población, pero no sólo deben quedarse en cambios en el sistema económico, nuevas leyes o reconversiones de las instituciones. La raíz del mal está en la enfermedad moral y espiritual que padece nuestra sociedad, donde la persona se encuentra perdida. Hay que rehabilitar al sujeto en sí mismo, como germen para construir una colectividad sana que tenga capacidad para encajar solidariamente los sacrificios y el cambio de mentalidad que está exigiendo el periodo presente, como camino para un futuro mejor.

¿Cómo hacer esto?. Nadie tiene una varita mágica o una receta infalible, pero todos podemos aportar nuestro grano de arena, según el papel que desempeñemos en la vida. Así los políticos, economistas y demás técnicos en el poder deben realizar su cometido buscando el bien común de la sociedad, antes que sus intereses personales o de grupo. Las familias no deben abdicar de sus funciones y derechos, aunque tengan que remar contra corriente frente a la cultura dominante.

Todos debemos: Valorar la vida, vivir con sencillez y austeridad, educar en elegir el bien y evitar el mal, enseñar a las nuevas generaciones que la coherencia de vida es su mejor escuela. La misma Iglesia, como maestra en humanidad, debe estar siempre al lado de los más desfavorecidos, mostrando sin ningún complejo ante la modernidad, la sanación integral que supone para el ser humano el acoger con sencillez de corazón, la oferta del Evangelio de Jesucristo.

Una sociedad que silencia o rechaza la dimensión espiritual de la persona, no tiene futuro. No es lo mismo ser ateo que creyente. El pesimismo paralizante es consecuencia del miedo, quizás inconsciente, que produce vegetar en la nada. El anhelo de recuperar lo perdido brota cuando hay esperanza en el alma humana. Vivir en cristiano es un bien social. Porque aquellos que se rigen por la Ley de Dios salvan o evitan muchos males y están llamados a buscar la verdad, el bien, la paz y la libertad, que son ejes esenciales de la sociedad. En el fondo de la crisis está la ausencia de Dios, porque el hombre no es pura materia, si no espíritu encarnado que reclama, en tiempos de serenidad o de turbulencia, esa presencia salvadora de un Dios, que en expresión de San Agustín: «Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».

+ Juan del Río Martin
Arzobispo Castrense de España



No hay comentarios:

Publicar un comentario