martes, 8 de enero de 2013

Buenos días, 8 de enero de 2013



 Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes.
Isaac Newton
 

SANTORAL

Apolinar, obispo; Luciano, presbítero; Maximinano, Julián, Eladio, Eugeniano, mártires; Severino, abad; Paciente, Máximo, Erardo, Alberto, obispos; Severiana, abadesa; Jocundo




REFLEXIÓN:

MI ANTIGUA MÁQUINA DE ESCRIBIR

(No pienses que el texto de esta reflexión contiene errores. Sólamente lo tienes que leer sustituyendo las "x" por la letra "e").

Aunqux mi máquina dx xscribir xs un modxlo antiguo, trabaja bixn, xxcxpto por una txcla qux lx falta.

Hay 45 txclas trabajando bixn; sin xmbargo, una sola qux no funcionx trax consigo una gran difxrxncia.

Algunas vxcxs mx parxcx qux xn nuxstro mundo hay pxrsonas qux sx asxmxjan a mi máquina dx xscribir y no trabajan como dxbxrían.

Ustxd dirá: "Buxno, al fin y al cabo, yo soy una sola pxrsona, no crxo qux sin mí sx obstruirá la marcha dx los proyxctos dxl mundo. Nadix notará mi falta dx ayuda y xntusiasmo. Sin xmbargo, para qux un proyxcto sxa xfxctivo y obtxnga xxito, rxquixrx la participación activa dx todos los mixmbros.

Moralxja: La próxima vxz qux ustxd pixnsx qux sus xsfuxrzos no sx nxcxsitan, rxcuxrdx mi máquina dx xscribir y dígasx: "Yo soy una dx las txclas importantxs xn nuxstro mundo y los dxmás mx nxcxsitan mucho."

Y pixnsx tambixn, por xjxmplo, xn los dixz mandamixntos. Hay gxntx qux dirá qux por no cumplir alguno, no pasa nada. Cada vxz qux ustxd pixnsx qux un mandamixnto xntrx dixz no xs importantx, rxcuxrdx mi máquina dx xscribir y dígasx: "Hay qux tratar dx cumplir todos los mandamixntos."


ORACIÓN:

Oración introductoria

Señor, me acerco hoy a Ti con fe, sabiendo que eres el Señor de la vida y de la historia. Consciente de mis debilidades y caídas, pongo mi confianza en Ti, porque Tú siempre cumples tus promesas. Mientras contemplo tu amor que se convierte en fidelidad, yo deseo también corresponder con mi fidelidad. Estoy ante Ti en esta oración para escucharte y, descubrir tu voluntad en este día.

Petición

Espíritu Santo, concédeme estar atento a tus inspiraciones y fortalece mi voluntad para poder seguirlas.

Meditación del Papa

La Iglesia nos ofrece con particular abundancia la Palabra de Dios. Meditándola e interiorizándola para vivirla diariamente, aprendemos una forma preciosa e insustituible de oración, porque la escucha atenta de Dios, que sigue hablando a nuestro corazón, alimenta el camino de fe que iniciamos en el día del Bautismo. La oración nos permite también adquirir una nueva concepción del tiempo: de hecho, sin la perspectiva de la eternidad y de la trascendencia, simplemente marca nuestros pasos hacia un horizonte que no tiene futuro. En la oración encontramos, en cambio, tiempo para Dios, para conocer que "sus palabras no pasarán", para entrar en la íntima comunión con él que "nadie podrá quitarnos" y que nos abre a la esperanza que no falla, a la vida eterna [...] Para llevar a cabo una conversión profunda de nuestra vida: dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo, como san Pablo en el camino de Damasco; orientar con decisión nuestra existencia según la voluntad de Dios; liberarnos de nuestro egoísmo, superando el instinto de dominio sobre los demás y abriéndonos a la caridad de Cristo. Benedicto XVI, 22 de febrero de 2011.


Propósito

Pongamos nuestra mirada y nuestro corazón en el cielo, viviendo llenos de alegría, de optimismo y de esperanza: "Aprended de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, sabéis que la primavera está cerca; pues cuando veáis suceder todo esto, sabed que Él está cerca, a la puerta". ¡Cristo está para llegar! Entonces, ¡qué dicha debe invadir nuestra alma! Está comenzando la primavera. Y el Señor nos invita hoy a descubrir esos signos de los tiempos, que nos descubren un nuevo amanecer. No se está acabando el mundo. En realidad, está naciendo uno nuevo; ¡está llegando otra primavera del espíritu!

Dialogo con Cristo

¿Qué signos de esperanza descubro Señor, en la Iglesia y el mundo de hoy? Meditaré en esta pregunta, contemplando la higuera, y encontraré muchísimos brotes de vida.




Jesús de Nazaret visto por Napoleón

¿Quién es Jesús de Nazaret para  que miles y miles de religiosos se encierren en monasterios y conventos sometidos a los votos de obediencia, pobreza y castidad y de que se levanten tantas y tantas catedrales, templos y santuarios para su culto de adoración?

         La respuesta nos la da el emperador Napoleón. Cuentan los historiadores que estando reunido en una tertulia y conversando sobre la persona de Jesús de Nazaret con sus tres más íntimos colaboradores que le hacían compañía en su destierro de Santa Elena, uno de ellos, le dice: “Majestad, para mi Jesús de Nazaret no es más que un hombre sabio, un filósofo, un gran maestro y un profeta”.

         Entonces, Napoleón les dijo: “Yo conozco a los hombres y digo que Jesús no es un hombre, sino que es Dios. Yo veo solo en Licurgo, Zoroastro, Numa, Confucio y Mahoma a unos buenos hombres legisladores, pero no veo en ellos la divinidad. No sucede lo mismo con Jesús de Nazaret. Todo en él me maravilla. Es verdaderamente un  ser aparte, único y divino. Sus ideas, sus sentimientos, su Evangelio y su manera de convencer no se explican ni por la organización humana, ni por la naturaleza de las cosas”.

          Continúa: “Me habláis de las conquistas de Alejandro y de Julio César quienes supieron encender en el corazón de los soldados el entusiasmo para arrastrarles consigo a grandes y aventuradas expediciones, pero ¿cuánto duró el imperio de Alejandro y de Julio de César? Los pueblos pasan, los imperios y tronos se derrumban, pero el Cristianismo permanece después de diecinueve siglos de historia, a pesar de las grandes persecuciones y desprecios humanos, y Jesús de Nazaret sigue contando con miles de millones de fieles seguidores que le adoran y le admiran. Esto no es doctrina ni obra humana, es doctrina y obra  de un  ser  divino”.



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