jueves, 17 de enero de 2013

Buenos días, 17 de enero de 2013


Zozobra la verdad, 
más nunca ahogada la veras.

VIDEO  17 DE ENERO

El Papa pide oraciones para logar la unidad entre los cristianos

A pesar del mal tiempo, miles de personas acudieron a Roma para participar en la audiencia general con Benedicto XVI. Durante su discurso, el Papa habló de la unidad de los cristianos.

Casi dos semanas después de la multitudinaria reunión ecuménica de jóvenes de Taizé celebrada en Roma, el viernes comienza la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Por eso el Papa hizo una petición especial.

BENEDICTO XVI
Invito a todos a rezar, pidiéndole con insistencia a Dios el gran don de la unidad entre todos los discípulos del Señor. La fuerza inagotable del Espíritu Santo nos impulsa a tener un compromiso sincero en la búsqueda de la unidad. Para que podamos profesar todos juntos que Jesús es el Salvador del mundo”.

La Semana por la Unidad de los Cristianos comienza el viernes 18 y dura hasta el 25 de enero.

Además de este llamamiento a la oración, el Papa reflexionó sobre cómo la Revelación de Dios culminó con el nacimiento de Jesús. De esta forma, aseguró Benedicto XVI, permite a las personas a acercarse más a Dios.

BENEDICTO XVI
Jesús inaugura en la historia un nuevo modo de presencia de Dios, porque quien lo ha visto a Él ha visto al Padre; Él es «el mediador» de la nueva y eterna alianza; en Él encontramos a Dios, al que podemos invocar con el nombre de «Abba, Padre» y por el que nos viene dada la salvación”.

El Papa aconsejó que el que quiera ver al Señor puede hacerlo a través de la oración diaria, en la Biblia y en la Eucaristía.

Después de la audiencia, Benedicto XVI envió un nuevo tweet a sus más de dos millones de seguidores, en el que se hizo eco de su catequesis diciendo: “Si amamos a nuestro prójimo, descubriremos el rostro de Cristo en el pobre, en el débil, en el enfermo y en el que sufre”.


  
SANTORAL

Antonio, abad;

Julián Sabas, Rosalina, confesores; Espeusipi, Eleusipo y Meleusipo hermanos y Leonila, mártires; Antonio, Mérulo y Juan, confesores; Sulpicio, obispo.


REFLEXIÓN:
¿REZAR CAMBIA LAS COSAS?

Dicen que rezar cambia las cosas, pero ¿es realmente cierto que cambia algo?

·         ¿Rezar cambia tu situación presente o tus circunstancias? No, no siempre, pero cambia el modo en el que ves esos acontecimientos.

·         ¿Rezar cambia tu futuro económico ? No, no siempre, pero cambia el modo en que buscas atender tus necesidades diarias.

·         ¿Rezar cambia corazones o el cuerpo dolorido? No, no siempre, pero cambia tu energía interior.

·         ¿Rezar cambia tu querer y tus deseos? No, no siempre, pero cambiará tu querer por el querer de Dios.

·         ¿Rezar cambia como el mundo? No, no siempre, pero cambiará los ojos con los que ves el mundo.

·         ¿Rezar cambia tus culpas del pasado? No, no siempre, pero cambiará tu esperanza en el futuro.

·         ¿Rezar cambia a la gente a tu alrededor? No, no siempre, pero te cambiará a ti, pues el problema no está siempre en los otros.

·         ¿Rezar cambia tu vida de un modo que no puedes explicar? Ah, sí, siempre. Y ésto te cambiará totalmente.

Entonces, ¿rezar realmente cambia algo? Sí, realmente lo cambia TODO.


ORACIÓN:

Suplico a Jesús mantenga mi corazón postrado siempre frente a El; quiero estar con mi vida entera en cuerpo y alma siempre y habitualmente en presencia de Dios, tres veces Santo, y en comunión con El.

Quiero convertirme en un mismo ser con Cristo y le hablo con amor para que cesen algunas penas y angustias, pero si el Señor permite algunas cosas, con esa misma gracia que menciona el Ángel de la Guarda y con la que nos bendice San Pablo, sean bendecidos todos ustedes desde el trono majestuoso de Su inigualable Amor, un trono hecho compasión y ternura, entrega y misericordia, y que baje su oído hasta mi boca, para escuchar las cuitas que le dirijo, que son un impulso del corazón, una mirada lanzada al cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría.

Gracias Señor Jesús ! Señor te amo !! Mi Dios amado Eterno Padre te adoro !! Mi buen Jesús te alabo, te bendigo, gloria a ti Jesús, el tres veces Santo !!!

Gracias Jesús por darnos a Mamá nuestra tierna Madre, que lejos de molestarse por ser nosotros tan pecadores, nos conduce con tanto amor hasta ti, Señor, para que te pidamos perdón. Gracias, Mamá.

Amén




A Alfred Hitchcock se le saltaban las lágrimas cuando comulgaba en sus últimos días
«Había estado un tiempo alejado de la Iglesia, así que contestaba a la misa en latín», recuerda el entonces joven jesuita Mark Henninger.
     

Una reciente biografía de Donald Spoto sobre Alfred Hitchcock (1899-1980) le presenta rechazando la religión en el lecho de muerte. "No es verdad. Yo estaba allí", ha sido la rápida respuesta de Mark Henninger, sacerdote profesor de Filosofía en la Universidad de Georgetown y entonces joven jesuita que atendió espiritualmente en sus últimos días al católico y londinense director de cine en su mansión de Bel Air.

Así lo ha explicado en un artículo publicado en el Wall Street Journal, donde confiesa que desde pequeño era un aficionado a la legendaria serie Alfred Hitchcock presenta y a sus "curiosas presentaciones" de los capítulos, "tan distintas a cualquier otra cosa de la televisión" (ver vídeo abajo). Se comprende entonces el choque que supuso para él entrar en la casa a principios de 1980 y encontrarse a su ídolo "en una esquina del cuarto de estar, dormitando con un pijama negro azabache".

Una oportunidad para no desaprovechar


Había ido allí a celebrar misa, invitado por otro miembro de la Compañía de Jesús, Tom Sullivan, que conocía bien al cineasta y le confesaba. El padre Henninger se quedó estupefacto ante la inesperada propuesta: "Pero, por supuesto, dije que sí", afirma traduciendo la emoción que le embargaba ante el golpe de suerte de conocer al maestro.

El padre Sullivan le despertó delicadamente, y Hitchcock besó su mano.

-Éste es Mike Henninger, un joven sacerdote de Cleveland -presentó.

-¿De Cleveland? ¡Qué vergüenza! -rugió el anciano, con su tradicional humor sarcástico.

Tras charlar un rato, pasaron al estudio de Hitchcock, donde les esperaba Alma, su mujer. Celebraron la misa en silencio: "Hitchcock había estado un tiempo alejado de la Iglesia, así que contestaba a la misa en latín", recuerda Henninger.

Y hubo algo más: "Tras recibir la comunión, lloró en silencio, y vi las lágrimas caer por sus rechonchas mejillas".

Ambos sacerdotes visitaron al genio muchas veces después, siempre los sábados por la tarde. Pero en una ocasión el padre Tom no pudo ir, y eso convirtió el encuentro con el padre Mark en muy especial para él: "Me corto un poco ante la gente famosa, así que me resultó difícil charlar con Alfred Hitchcock, pero lo hicimos amablemente hasta que él dijo: ´Vamos a misa´".

El sacerdote le ofreció el brazo y caminaban despacio por su edad. Henninger se sintió en la obligación de decir algo y rompió el silencio preguntándole si había visto alguna buena película recientemente. La respuesta de Hitchcock demuestra que se concentraba para la celebración, porque dijo enfáticamente, tal vez pensando en el auge en aquella época de la ciencia-ficción: "No. Cuando yo hacía películas, eran sobre personas, no sobre robots. Los robots son aburridos. Venga, vamos a misa".

Poco después murió y se celebró el funeral en la iglesia del Buen Pastor de Beverly Hills.

El verdadero rostro de la humanidad y la religión


Henninger lamenta que los prejuicios antirreligiosos de nuestra época hayan ocultado en las últimas biogragías y biopics su faceta de católico. "¿Por qué exactamente pidió Hitchcock a Tom Sullivan que le visitase? Para nosotros no estaba claro, y quizás tampoco estaba totalmente claro para él. Pero algo se lo musitó en el corazón, y las visitas respondían a un deseo humano profundo, a una necesidad humana real. ¿Quién no tiene esas necesidades y deseos?".

Añade el jesuita que hay quien considera "un signo de debilidad" cuando las personas se acercan a la religión al ver próxima la muerte: "Pero nada centra tanto la mente como la muerte. Una antigua tradición de los primeros tiempos habla del memento mori [recuerda la muerte]. ¿Por qué? Creo que al afrontar la muerte uno considera seriamente, con mayor o menor claridad, verdades olvidadas durante años que finalmente merecen nuestra atención".

"En esa perspectiva, valorar la propia vida, compartir las heridas sufridas y causadas, y buscar la reconciliación con un Dios dispuesto y acostumbrado a perdonar, me parece profundamente humano. La extraordinaria reacción de Hitchcock al recibir la comunión fue el rostro de la humanidad real y de la religión real, lejos de los titulares y las biografías de hoy", concluye en alusión al libro que motivó su artículo.


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