jueves, 22 de noviembre de 2012

Buenos días, 22 de noviembre de 2012



Zozobra la verdad, más nunca ahogada la veras
 

SANTORAL

Cecilia, virgen y mártir;
PATRONA DE LOS MUSICOS

Filemón, Apfías, Columbano, Ultán, confesores; Agapión, Sisinio, Agapio, Julián, Demetrio, Ulberto, Marcos, Esteban, Mauro, mártires; Pragmacio, obispo; Daniel, Sabiniano, abades; Eugenia, Trigida, abadesa de Oña.



REFLEXIÓN:

Una cierva que huía de unos cazadores, llegó a una gruta donde no sabía que moraba un león. Entrando en ella para esconderse, cayó en las garras del león.

Viéndose sin remedio perdida, exclamó:

¡Desdichada de mí! Huyendo de los hombres, caí en las garras de un feroz animal

Si tratas de salir de un problema, busca que la salida no sea caer en otro peor


ORACIÓN:

Señor Jesús, sólo transformando mi vida en Ti, podré vivir el Evangelio y ayudar humildemente a otros a experimentar tu amor. Creo y confío en que esta oración me ayude a profundizar en esta verdad y me llene de tu amor para poder darte a los demás, con mi testimonio de vida.

Petición

Jesús, ayúdame a revertir mi tendencia a juzgar a los demás, en vez de ver esas faltas que me alejan de tu amor.

Meditación del Papa

Creer fuertemente en la presencia y en la acción del Espíritu Santo, invocarlo y acogerlo en vosotros, mediante la oración y los sacramentos. Es Él de hecho el que ilumina la mente, caldea el corazón del educador para que sepa transmitir el conocimiento y el amor de Jesús. La oración es la primera condición para educar, porque orando nos ponemos en disposición de dejar a Dios la iniciativa, de confiarle los hijos, a los que conoce antes y mejor que nosotros, y sabe perfectamente cuál es su verdadero bien. Y, al mismo tiempo, cuando oramos nos ponemos a la escucha de las inspiraciones de Dios para hacer bien nuestra parte, que de todos modos nos corresponde y debemos realizar. Los sacramentos, especialmente la eucaristía y la penitencia, nos permiten realizar la acción educativa en unión con Cristo, en comunión con Él y continuamente renovados por su perdón. La oración y los sacramentos nos obtienen aquella luz de verdad, gracias a la cual podemos ser al mismo tiempo tiernos y fuertes, usar dulzura y firmeza, callar y hablar en el momento adecuado, reprender y corregir en modo justo. Benedicto XVI, 8 de enero de 2012.


Propósito

Revisar y cuidar mi actitud al reprender a un familiar, compañero de trabajo o amigo, para que sea siempre una corrección fraterna, basada en el amor.

Diálogo con Cristo

Señor que conoces el corazón del hombre y ves la miseria de nuestras obras, te pedimos nos trates con tu infinita misericordia para que aprendiendo de tu bondad seamos compasivos los unos con los otros.


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ESPECIAL BUENOS DÍAS
 LECTIO DIVINA: CRISTO REY
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LECTIO DIVINA CRISTO REY



 SOLEMNIDAD
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"Cristo debe reinar, antes que nada, en nuestra alma.
Pero qué responderíamos, si El preguntase:
tú, ¿cómo me dejas reinar en ti? "



Origen de la Solemnidad de Cristo Rey



Este Domingo, la Iglesia cierra el ciclo litúrgico al celebrar a Cristo Rey. El evangelio presenta el juicio que llevó a Jesús a su muerte. En la reforma litúrgica mandada por el Concilio Vaticano II, se ubicó esta fiesta como coronación del año litúrgico porque ella recapitula el misterio de Cristo que se contempla en todos sus aspectos durante el año.

  Pío XI estableció esa fiesta, fue como él mismo dijo explícitamente en la encíclica Quas primas, con una finalidad de pedagogía espiritual. Ante los avances del ateísmo y de la secularización de la sociedad quería afirmar la soberana autoridad de Cristo sobre los hombres y las instituciones. 

   La teología del reinado de Cristo se expone en la encíclica Quas Primas publicada en 1925. La encíclica cita a San Cirilo de Alejandría, haciendo notar que el reinado de Cristo no se obtiene con violencia: "Posee Cristo soberanía sobre todas las criaturas, no arrancada por fuerza ni quitada a nadie, sino en virtud de su misma esencia y naturaleza".

  En 1970 se quiso destacar más el carácter cósmico y escatológico del reinado de Cristo. La fiesta se convirtió en la de Cristo "Rey del Universo" y se fijó en el último domingo per annum. Con ella apunta ya el tiempo de adviento en la perspectiva de la venida gloriosa del Señor.

  Cristo Rey, Christus Rex en latín, es uno de los nombres de Jesús que procede de las Escrituras. Es un título usado por todos los cristianos y celebrado como la Solemnidad de Cristo Rey por muchas iglesias cristianas entre ellas las Iglesias Católica, Anglicana, Episcopaliana, Presbiteriana y algunas iglesias Luteranas y Metodistas.

  El nombre se usa frecuentemente para denominar iglesias, escuelas, seminarios y hospitales. También se usa para indicar monumentos y lugares.

  El título de Rey aplicado a Cristo se encuentra de diferentes formas en la Escritura: Rey de los siglos, Rey de Israel, Rey de los Judíos, Rey de Reyes, Rey de los santos y Soberano de los reyes de la Tierra.

  Pilato redactó y mandó poner en la cruz la inscripción INRI acrónimo de la frase latina IESVS NAZARENVS REX IVDAEORVM, la cual se traduce al español como: "Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos".

  El Papa Benedicto XVI ha señalado, como hizo su predecesor Juan Pablo II, que el reinado de Cristo no se basa en el "poder humano" sino por el amor y el servicio a los otros.






TABLA DE CONTENIDO

ORIGEN DE LA SOLEMNIDAD DE CRISTO REY.

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY: “Todo el que es de la verdad  escucha mi voz”.
   LA PALABRA DE DIOS.
   PADRES DE LA IGLESIA.
   CATECISMO DE LA IGLESIA.
      Jesús, el rey esperado por Israel.
      El reinado de Cristo ya se ha inaugurado, y no tendrá fin.
      Al Señor Jesús le ha sido dado todo dominio y potestad.

LECTIO DIVINA.
   AMBIENTACIÓN.
   ORACIÓN INICIAL.
   LECTURA: ¿Qué dice el texto?.
   MEDITACIÓN: ¿Qué me dice el Señor a mí en el texto?.
   ORACIÓN: ¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?.
   CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo hago propio en mi vida las enseñanzas del texto?.
   ACCIÓN: ¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?.


SOLEMNIDAD DE CRISTO REY: “Todo el que es de laverdad  escucha mi voz”


 

Dan 7, 13-14: “Su dominio es eterno y no pasa.”

Sal 92, 1-2.5: “El Señor reina sobre toda la tierra

Ap 1, 5-8: “Él ha hecho de nosotros un Reino de Sacerdotes para su Dios y Padre.”

Jn 18, 33-37: “Soy rey, más mi Reino no es de este mundo.”





PADRES DE LA IGLESIA

San Agustín: «“Jesús se dio cuenta de que pretendían proclamarlo rey. Entonces se retiró de nuevo a la montaña, Él solo” (Jn 6, 15). ¿Por qué hacerle rey? ¿No era rey, Él que se dio cuenta de que le querían hacer rey? Sí, era rey. Pero no un rey como los hacen los hombres. Era un rey que da el poder a los hombres para reinar. Quizá Jesús nos quiere dar aquí una lección, Él que suele convertir sus acciones en enseñanzas... Tal vez este “pretender proclamarlo rey” era adelantar el momento de su reino. En efecto, Jesús no había venido para reinar en este momento, lo hará en el momento que nosotros invocamos al decir: “que venga a nosotros tu reino”. Como Hijo de Dios, como Verbo de Dios, el Verbo por quien todo fue hecho, reina siempre con el Padre. Pero los profetas anunciaron también su reino como Cristo hecho hombre que reúne a sus fieles. Habrá, pues, un reino de cristianos, el reino que está establecido actualmente, que se prepara, que ha sido comprado con la sangre de Cristo. Más tarde este reino se manifestará, cuando resplandecerá en sus santos, después del juicio pronunciado por Cristo».

 San Cipriano: «Incluso puede ser que el Reino de Dios signifique Cristo en persona, al cual llamamos con nuestras voces todos los días y de quien queremos apresurar su advenimiento por nuestra espera. Como es nuestra Resurrección porque resucitamos en Él, puede ser también el Reino de Dios porque en Él reinaremos».

San Agustín: «¡Curémonos, hermanos, corrijámonos! El Señor va a venir. Como no se manifiesta todavía, la gente se burla de Él. Con todo, no va a tardar y entonces no será ya tiempo de burlarse. Hermanos, ¡corrijámonos! Llegará un tiempo mejor, aunque no para los que se comportan mal. El mundo envejece, vuelve hacia la decrepitud. Y nosotros, ¿nos volvemos jóvenes? ¿Qué esperamos, entonces? Hermanos ¡no esperemos otros tiempos mejores sino el tiempo que nos anuncia el Evangelio. No será malo porque Cristo viene. Si nos parecen tiempos difíciles de pasar, Cristo viene en nuestra ayuda y nos conforta».

   

CATECISMO DE LA IGLESIA


439: Numerosos judíos e incluso ciertos paganos que compartían su esperanza reconocieron en Jesús los rasgos fundamentales del mesiánico «hijo de David» prometido por Dios a Israel. Jesús aceptó el título de Mesías al cual tenía derecho, pero no sin reservas porque una parte de sus contemporáneos lo comprendían según una concepción demasiado humana, esencialmente política.

440: Jesús acogió la confesión de fe de Pedro que le reconocía como el Mesías anunciándole la próxima pasión del Hijo del Hombre. Reveló el auténtico contenido de su realeza mesiánica en la identidad trascendente del Hijo del Hombre «que ha bajado del cielo» (Jn 3, 13), a la vez que en su misión redentora como Siervo sufriente: «el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mt 20, 28). Por esta razón el verdadero sentido de su realeza no se ha manifestado más que desde lo alto de la Cruz. Solamente después de su resurrección su realeza mesiánica podrá ser proclamada por Pedro ante el pueblo de Dios: «Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado» (Hech 2, 36).

El reinado de Cristo ya se ha inaugurado, y no tendrá fin

664: Sentarse a la derecha del Padre significa la inauguración del reino del Mesías, cumpliéndose la visión del profeta Daniel respecto del Hijo del hombre: «A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás» (Dan 7, 14). A partir de este momento, los Apóstoles se convirtieron en los testigos del «Reino que no tendrá fin».

Al Señor Jesús le ha sido dado todo dominio y potestad

447: [Jesús] Es SEÑOR en este sentido [divino] porque tiene «dominio sobre la naturaleza, sobre las enfermedades, sobre los demonios, sobre la muerte y el pecado».
449: Desde el comienzo de la historia cristiana, la afirmación del señorío de Jesús sobre el mundo y sobre la historia significa también reconocer que el hombre no debe someter su libertad personal, de modo absoluto, a ningún poder terrenal sino sólo a Dios Padre y al Señor Jesucristo...
450: «No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos» (Hech 4, 12), sino el nombre de JESÚS.


LECTIO DIVINA

Ponemos al centro a Jesucristo, la Biblia, y cada niño dibuja “La corona de Cristo” y la deposita al centro y explica brevemente su significado.
Pueda rezarse el Padre nuestro u otra oración
Entró de nuevo Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: 

- ¿Eres tú el rey de los judíos? 18,34: Jesús respondió: 

- ¿Eso lo preguntas por tu cuenta o porque te lo han dicho otros de mí? 

Pilato respondió: 
- ¡Ni que yo fuera judío! Tu nación y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho.
 
Contestó Jesús:
 - Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis soldados habrían peleado para que no me entregaran a los judíos. Pero mi reino no es de aquí. 

Le dijo Pilato:
- Entonces, ¿tú eres rey?.

Jesús contestó:
- Tú lo dices. Yo soy rey: para eso he nacido, para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Quien está de parte de la verdad escucha mi voz.

Es lógico reconocer al Jesús, como el Cristo, el Señor, el dueño del tiempo, de la historia y del cosmos. Puesto que el año litúrgico es una forma pedagógica que gira en torno a Cristo. 

El Señor Jesús es aquel misterioso «Hijo de hombre» vislumbrado por el profeta. Él se aplica a sí mismo aquel título (ver Mt 20, 28; 25, 31; Mc 2, 10.28; 8, 31; 9, 9-31; 10, 34; Jn 3, 13; 6, 53; 8, 28). Él es aquel que llegado el momento vendrá «en las nubes», el «Príncipe de los reyes de la tierra», a quien le está reservado aquel dominio eterno, «la gloria y el poder por los siglos» (2ª. lectura).

Mas su imperio no es de este mundo, ni de este siglo. En el tiempo presente su reinado ya ha comenzado, mas espera aún su plena realización: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria» (Mt 25, 31). Ante el cuestionamiento insistente de Pilato, el Señor afirma que Él en efecto es rey, pero también añade inmediatamente: «mi reino no es de este mundo». Se equivocaban aquellos que esperaban de Él un liderazgo nacionalista e intramundano. Él es rey, pero su reinado no consiste en un dominio que se impone a la fuerza. No será el suyo un gobierno político.

El verdadero sentido de su realeza se manifiesta desde lo alto de la Cruz. El reinado que ejerce el Señor Jesús es un servicio al hombre. Para Jesús reinar es servir, dar la vida, establecer el amor como principio y fundamento de su gobierno.

Su reinado es además un servicio de la Verdad: «Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la Verdad». El ser humano necesita de esta verdad para realizarse él mismo como persona humana, necesita conocer y comprender la verdad sobre Dios y sobre sí mismo para llegar a ser lo que está llamado a ser, para llevar a su perfección el hermoso proyecto divino que es él mismo, para realizar en su existencia su llamado a la grandeza, al infinito, a la plenitud y felicidad. Y ésa es la verdad que el Señor Jesús ha venido a revelarle a todo aquel que quiera escuchar su voz: la verdad sobre sí mismo, sobre su origen, sobre el sentido de su existencia, sobre la grandeza de su vida y vocación, sobre su destino definitivo.

¿Por qué era necesario que viniese el Hijo de Dios para ser testigo de la verdad? Porque tal verdad estaba oculta a su criatura humana como consecuencia del pecado. No cualquier verdad, sino la verdad que Él revela es la que hace verdaderamente libre a quien la acoge: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8, 31-32). Todo aquel que mediante el recto ejercicio de su libertad “escucha su voz” y acoge la verdad revelada por el Señor, «es de la verdad» y pasa a formar ya parte de su reino.


·         ¿Cómo comienza el texto?
·         ¿Quién es el personaje que dialoga con Jesús?
·         ¿Qué cargo tiene?
·         ¿Cuál es la idea central sobre la que giran las preguntas?
·         ¿Qué significa el reino de Dios?
·         ¿Cómo termina este texto?
Sintetiza cuál es la idea principal de este texto.
El texto sagrado no es sólo para leerlo, sino para dejarse leer por Dios que nos habla a cada uno a través del texto.
Amigo, debemos preguntarnos sinceramente cómo este texto está dirigido directamente a nosotros. Hoy vivimos un mundo donde hay muchas confusiones y muchos hablan de Jesús. Algunos dicen cosas muy distintas de lo que está escrito en el Evangelio. Nosotros queremos conocer a Jesús y lo que Él nos dice a nosotros.

·         ¿Reconozco a Jesús como “mi Rey”?
·         ¿Qué implicaciones tiene que Él sea “mi Rey?
·         Hasta qué punto me identifico con la Verdad con mayúscula. ¿O sólo busco “mi verdad”, y no quiero moverme de mis zonas de confort espiritual y de conocimientos?
·         Este texto tan importante ¿qué te lleva a pensar?
·         ¿Cuál es mi conclusión personal?.

Cuando me hablan no puedo quedarme callado. Es Jesús el que está comunicándose conmigo. Debo responder. Para eso, la oración es la respuesta a Dios que me habló primero.

Señor Gracias por este diálogo tan importante.
Estoy comprendiendo cada vez más cuál es tu Reino, al que quiero pertenecer.

Señor Jesús, el Cristo, yo quiero proclamarte como mi Rey, como mi Señor.
Que no lo diga de boca hacia fuera, cuando luego quiero vivir en este mundo, con las cosas de este mundo, donde el príncipe del mundo me tienta.

Señor, que busque siempre la verdad.
Señor que busque siempre escuchar tu voz, y que sea tu discípulo en todo, no en mis caprichos, sino en lo que hacemos para vivir de verdad.

Podemos recordar la frase, dirigiéndola a Jesús:

Quien está de parte de la verdad, escucha mi voz…

Mientras vamos pidiéndole al Señor repetidamente con esta frase, cómo podemos ser sus seguidores, dando todo, desde nuestra propia vida.

Nuestra vida debe tomar un compromiso serio para llegar al proceso de conversión. Esto debe notarse exteriormente.
Cada uno asuma una de las actitudes del Reino de Jesús y llevémosla a cabo a lo largo de la semana. Colocándola en un lugar visible como por ejemplo la puerta de la nevera de casa para que así toda la familia ayude a su cumplimiento.

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