miércoles, 24 de octubre de 2012

Buenos días, 24 de octubre de 2012


El trabajo que un hombre desconocido ha hecho es como un arroyo de agua que corre oculto en el subsuelo secretamente haciendo verde la tierra.
Thomas Carlyle

  
SANTORAL
San Antonio María Claret arzobispo, fundador; Audacto, Jenaro presbíteros; Séptimo, Fortunato, Aretas, Marcos, Poncia, Petronila, Soterico, Valentín, mártires; Proclo, Maglorio, Bernardo, Calvo, Evergislo, Felix, obispos; Martín, abad; Nicéforo, monje.




REFLEXIÓN:

Pasando los ladrillos

¿Has observado alguna vez a obreros de la construcción trabajando en un edificio a distintos niveles de andamios, pasando los ladrillos del nivel inferior al andamio de arriba y de allí al siguiente? El trabajo avanza mientras cada ladrillo al llegar a un nivel es descargado y luego pasado al nivel siguiente. ¿Qué ocurriría si uno de los obreros del nivel intermedio no entregara sus ladrillos y al mismo tiempo le fuera alcanzada otra fila? ¿Qué si el hombre del nivel superior se negara a recibir su carga de ladrillos? El pobre hombre del nivel medio sería aplastado por la carga de ladrillos.

Eso es precisamente lo que nos ocurre en la esfera invisible. Cuando el primer problema nos alcanza fracasamos en no mandarlo “hacia arriba”, y pronto nos sentimos presionados y oprimidos. Luego viene un segundo problema y un tercer problema y paulatinamente nos debilitamos hasta que finalmente quedamos aplastados bajo la carga. El remedio es tan sencillo. Tan pronto como una ansiedad nos amenace debemos pasarla de inmediato “hacia arriba”.

ORACIÓN:

Señor, ¿es posible que tú quieras esto para mí? ¿Es posible que tú lo hayas dispuesto todo esto para mi bien? No te entiendo, pero quiero aceptar tu voluntad. Te ofrezco mi cuerpo y mi alma, te ofrezco mi vida con mi pasado y presente y los días que me queden. Te ofrezco mi familia y te pido que la cuides, cuando yo me vaya. Señor, prepárame para estar listo en el momento que tú me llames. Señor, no lo puedo comprender, pero acepto tu voluntad. Cuento contigo. Confío en Ti. Dame tu paz y bendice mi vida entera. Gracias por todas las alegrías que me has dado. Gracias por mi familia y mi fe en ti. Gracias por todo el bien que he podido hacer por los demás. Gracias, porque creo que mi vida no ha sido en vano y ahora, al atardecer de mi existencia, puedo decirte: Señor, yo te amo y yo confío en Ti.

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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San Antonio María Claret, un hombre nacido para evangelizar

Tabla de contenido


Semblanza de un apasionado evangelizador
El sacerdote
El obispo
El confesor real
Los misioneros claretianos



De octubre de 2007 a agosto de 2008, la Familia Claretiana celebró el segundo centenario de su fundador, el catalán San Antonio María Claret. La Familia Claretiana está integrada por los misioneros claretianos, las misioneras claretianas, la filiación cordimariana y seglares claretianos.

Las celebraciones de este bicentenario comenzaron en Sallent, la localidad barcelonesa donde nació Claret el 23 de diciembre de 2007, y concluyeron en Tanzania, una de las últimas misiones abiertas por los claretianos. “Nacido para evangelizar” fue  el lema del bicentenario.



Semblanza de un apasionado evangelizador

San Antonio María Claret fue un magnífico pastor -sacerdote y obispo-, un gran formador de pastores y de misioneros, un excelente reformador de la vida religiosa, un ardiente predicador, un espléndido y creativo catequista, un incansable promotor vocacional, apóstol de élites -fue confesor de la Reina Isabel II- y hombre del pueblo. Los trazos de su retrato espiritual sobresale su amor a Jesucristo, su fidelidad a la Iglesia y su intensa devoción mariana. Fue persona de verbo encendido y de pluma ágil.


Autor de cerca de un centenar de obras propias (15 libros y 81 opúsculos), tanto en castellano como en catalán, escribió “Camino recto y seguro para llegar al cielo” (1846), “Catecismo de la Doctrina Cristiana” (1848) y de otros muchos títulos, todos ellos de carácter pastoral y espiritual. Del “Catecismo” se han hecho 185 ediciones, con más de cuatro millones de libros vendidos, y “Camino recto” es, después de la Biblia, uno de los libros de los que se han hecho más ediciones en catalán.



La popularidad de Claret queda también de manifiesto en las instituciones que lo tienen por patrono: los tejedores, la Real Academia de Bellas Artes de Barcelona, las Cajas de Ahorro y algunas ramas de Formación Profesional. Otro dato significativo de su vocación evangelizadora y de su dimensión interdisciplinar y abierta a la realidad es la fundación por él llevada a cabo en 1858 de la Academia de San Miguel, en la que pretendía agrupar las fuerzas vivas de las artes plásticas, el periodismo y las organizaciones católicos de escritores, artistas y propagandistas. Fue Claret un hombre de diálogo entre fe y la cultura, un precursor de la pastoral de Medios de Comunicación y un pastor siempre atento a las fronteras de la evangelización.

  

El sacerdote


Antonio Claret, hijo quinto del matrimonio compuesto por Juan Claret y Josefa Clará, comenzó a los 12 años a trabajar en el telar de su padre. Cinco años después realizó estudios en la Escuela Comercial de la Lonja de Barcelona con idea de ser ingeniero textil. En el albor de la juventud sintió la vocación sacerdotal y, con 22 años, tras dudar si hacerse cartujo, ingresa en el seminario de Vic. En 1835 es ordenado sacerdote en Solsona y celebra su primera misa en Sallent.

En 1839 marcha a Roma con idea de estudiar en la Congregación de Propaganda Fide y convertirse en misionero. Allí considera hacerse jesuita. Pero, un año después, por motivos de salud, regresa a Cataluña. Es nombrado párroco de Viladrau, y de 1843 a 1847 se dedica a las misiones populares, recorriendo más de 150 localidades. Funda en Barcelona la librería “Claret”. Marcha a Canarias como misionero popular entre 1847 y 1848. A punto está de producirse su nombramiento como obispo de Canarias.

En 1849 regresa a Vic. El 16 de julio de aquel mismo año funda la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Le acompañaron entonces los sacerdotes Esteban Sala, José Xifré, Manuel Vilaró, Domingo Fábregas y Jaime Clotet. Tres meses después, en octubre de 1849, es nombrado arzobispo de Santiago de Cuba, a donde se traslada un año después.



El obispo


Tras recibir, en 1850, la consagración episcopal en la catedral de Vic, viaja a Cuba. En el extremo oriental de la isla, en la archidiócesis primada de Santiago, realiza un magnífico trabajo evangelizador durante seis años. Organiza la Iglesia local, lucha contra la esclavitud, crea granjas-escuelas para niños sin techo, promueve cajas de ahorro de carácter social, predica la igualdad entre blancos y negros y predica sin cesar…

En 1855, el día 27 de agosto, junto a la madre María Antonia París, funda las Religiosas de María Inmaculada o Misioneras Claretianas. En 1856 sufre en Holguín un atentado, el más grave de los que fue objeto. Claret siempre creyó que había salvado su vida gracias a la intercesión de la Virgen. El atentado tuvo lugar el 1 de febrero, víspera de la festividad de la Presentación del Señor y Purificación de su Santísima Madre.




De 1857 a 1868 será el confesor de la Reina Isabel II. Vive en Madrid y aprovecha los viajes de la Reina para predicar al pueblo, a sacerdotes y a religiosos. Es nombrado también patrón del Real Hospital e Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat de Madrid. Funda la Academia de san Miguel, ya citada. Es nombrado presidente del patronato del Real Monasterio del Escorial, donde crea un centro espiritual e intelectual de primer rango. Alienta la fundación de bibliotecas populares y parroquiales.

En 1868, al estallar en España la revolución que destronaba a Isabel II, se ve obligado a marchar al exilio, en Francia, junto a la familia real. En 1869 y 1870 participa en el Concilio Vaticano I, donde defiende la infalibilidad del Papa, que será objeto después de definición dogmática.

En Francia vive primero en Prades, en una comunidad claretiana, pero poco después debe refugiarse en la abadía cisterciense de Fontfroide, en el sur del país. Allí fallece el 24 de octubre de 1870. El 25 de febrero de 1934 es declarado beato por el Papa Pío XI y el 7 de mayo de 1950 es proclamado santo por el Papa Pío XII.



Su huella permanece viva en la Iglesia a través de la Familia consagrada y laical por él fundada, particularmente en los misioneros claretianos. A ellos legó su carisma evangelizador y sus prioridades centradas en la formación moral, catequética y espiritual, en el diálogo con el mundo y el uso de sus medios de comunicación, en la promoción social y en el compromiso por la justicia.

Actualmente los misioneros claretianos son unos dos mil quinientos religiosos, entre ellos un cardenal y una veintena de obispos. El cardenal es el portugués José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Obispos españoles claretianos son los españoles Fernando Sebastián, Luis Gutiérrez y el popular Pedro Casaldáliga, los tres ya jubilados. También es de origen español el obispo en Honduras Ángel Garachana. Hay cerca de quinientas comunidades de claretianos en más de sesenta países de toda la Iglesia.




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