viernes, 7 de septiembre de 2012

Buenos días, 07 de septiembre de 2012

La nación que hace una gran distinción entre sus estudiosos y sus guerreros tendrá su pensamiento hecho por cobardes y su lucha realizada por tontos.
Tucídides

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Santa Theresa De Jesus

SANTORAL
Albino, Almundo, Tilberto, confesores; Gondulfo, Gratulo, Pánfilo, Teodorico, Vivencio, obispos; Bono, Fausto, Mauro, Gerón, Calcedonio, Sozón, Severino, mártires; Carísima, Clodoaldo, Faciolo, Hildurdo, Lucas, Madelberta, confesores; Nemorio, diácono; Regina, virgen y mártir.


 REFLEXIÓN:
Vivir como las flores

Maestro, ¿qué debo hacer para no sentirme mal?

Algunas personas hablan demasiado, otras son ignorantes. Algunas son indiferentes. Siento odio por aquellas que son mentirosas y sufro con aquellas que calumnian.

- ¡Pues, vive como las flores!, advirtió el maestro.

- Y ¿cómo es vivir como las flores?, preguntó el discípulo.

- Pon atención a esas flores -continuó el maestro, señalando unos lirios que crecían en el jardín.

Ellas nacen en el estiércol, sin embargo son puras y perfumadas. Extraen del abono maloliente todo aquello que les es útil y saludable, pero no permiten que lo agrio de la tierra manche la frescura de sus pétalos.

Es justo angustiarse con las propias culpas, pero no es sabio permitir que los vicios de los demás te incomoden. Los defectos de ellos son de ellos y no tuyos. Y si no son tuyos, no hay motivo para molestarse...

 ORACIÓN:
Señor, quiero encontrarme contigo en este momento de oración, esperando tener la docilidad de corazón para no convertir esta meditación en un interrogatorio, en exigencias, en quejas o para pedirte lo que creo necesitar. ¡Ven Espíritu Santo!

Petición
 Jesús, ayúdame a nunca ser duro de corazón.

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Introducción a la lectura de la Biblia

El nombre Biblia y los cánones.
 

El nombre.

La Palabra Biblia viene del griego, Biblos, ciudad donde se hacían los papiros en Grecia para la escritura. Significa “los libros”, y es una pequeña biblioteca, compuesta, para el cristiano católico, por 46 libros del Antiguo Testamento, y 27 libros del Nuevo.

Algunas ediciones traen 47 libros en el AT, porque separan el capítulo 6 de Baruc, secretario del profeta Jeremías, y lo colocan como “carta de Jeremías”. 

Los libros bíblicos comenzaron a escribirse alrededor del siglo X a.C., en la corte del Rey Salomón, donde había lugar para el ocio (el “otium” griego), la lectura y la escritura. En la corte del hijo del Rey David comienza, por lo tanto, también la actividad literaria.

Los lugares principales de los hechos bíblicos, son principalmente la Antigua Mesopotamia, hoy compuesta por Siria, Irak e Irán, la actual Israel, la Península Arábiga y Egipto, para los hechos del Antiguo Testamento.

Para los hechos del Nuevo Testamento, se agregan los territorios conquistados por el griego Alejandro Magno, y en tiempos de Jesús ocupados por el Imperio Romano, que abarcan prácticamente la actual Europa, el norte de África y las Islas Británicas. En el imperio, por lo tanto, se hablaba la lengua griega, impuesta por Alejandro, que en 10 años, entre el 333 y el 323 a.C., realizó sus conquistas, comenzando cuando sólo tenía 23 años. Existía el griego “culto” y el griego “popular”. Éste último se utilizaba cotidianamente en el imperio, y su nombre era “koiné”.

Cánones de la Biblia.
 
Los judíos tenían dos cánones o conjunto de libros del AT: Un canon corto, el de Palestina, escrito en hebreo, con 39 libros. Un canon largo, el de Alejandría, escrito en griego, con 46 libros. Éste era utilizado por los judíos que vivían diseminados por el Imperio, fuera de Israel, y que ya no hablaban el hebreo.

Los siete libros que se agregan al “canon corto” se llaman “deuterocanónicos” (nuevos en el canon), y son: Judit, Tobías, I y II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc. Y algunos trozos de Daniel y Esther. La versión griega se llama también de los “Setenta”, porque se le atribuye a 70 sabios que la tradujeron al griego alrededor del siglo II a.C.. Los cristianos utilizaron enseguida esta traducción, ya que, extendidos por todo el imperio, hablaban la koiné. Y el NT cita esta versión griega. Para diferenciarse de los cristianos, los judíos, recién en el siglo II dC, adoptaron el canon corto de 39 libros.

Los hermanos separados de occidente, inspirados por Martín Lutero, también se remitieron, desde el s. XVI, al canon corto de Palestina, agregando a él los 27 libros del NT, por lo que su versión de la Biblia es de 66 libros, traducida por los egregios biblistas Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, versión que, con leves modificaciones, conservan hasta el día de hoy. Se caracteriza porque no tiene introducciones ni notas, pero sí abundantes concordancias bíblicas.

En ausencia de Biblia católica, éstos fieles pueden, con toda tranquilidad, usar esta versión, ya que no traiciona los textos originales. Lo único es que no van a contar con los 7 libros Deuterocanónicos.

En el siglo IV, en el Imperio ya no se hablaba más el griego clásico ni el popular. La lengua era el latín. Latín culto en las cortes, latín popular en el pueblo. La Iglesia adopta el latín popular como su lengua, hasta el día de hoy. El Papa Dámaso, por lo tanto, en el s. IV, pide a San Jerónimo, el más grande lingüista y hebraísta de su tiempo, y el más grande biblista de todos los tiempos, que traduzca la Biblia al Latín. Compone entonces el tercer canon, llamado la “Vulgata”, por traducir los libros del hebreo original al latín vulgar (que hablaba el vulgo) de su tiempo. La Iglesia continúa manteniendo la pronunciación del latín vulgar en la edición típica de sus documentos y en el Canto Gregoriano, sencillo y simple, que vino a reemplazar las pomposas Misas de los clásicos (Mozart, Bach, Beethoven), que colocaban la atención de la gente en su magnificencia más que en el misterio que se celebraba.

Las Biblias católicas son fácilmente reconocibles por sus notas e introducciones. Además poseen el nombre del Censor eclesiástico que revisó la traducción con el“Nihil Obstat”, y el “Imprimatur” del Obispo que autoriza su publicación.
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