jueves, 30 de agosto de 2012

Buenos días, 30 de agosto de 2012


“Las circunstancias y situaciones dan color a la vida,
pero nuestra mente es la que decide
cuál va a ser ese color”

SANTORAL
 Agilo, Abad; Alfredo, Monje, Obispo; Bononio, Abad, Ermitaño; Fantino el Joven, Ermitaño; Fiacrio, Ermitaño; Gaudencia, Mártir, Virgen; Ghebre Miguel, Beato, Mártir, Misionero, Sacerdote; Joaquín, Beato, Mártir, Misionero, Sacerdote; Juan Juvenal, Obispo; María Ráfols, Beata, Fundadora, Religiosa; Pamaquio, Senador; Pedro de Trevi, Anacoreta; Vicente Gabanes, Beato, Mártir, Sacerdote.

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El demonio de la acedia (6 / 13). La acedía eclesial.
La Acedia es una tristeza por el bien, por los bienes últimos, es tristeza por el bien de Dios. Es una incapacidad de alegrarse con Dios y en Dios. Nuestra cultura está impregnada de acedía.


REFLEXIÓN:
PARÁBOLA DE LOS VIAJEROS

  Un día decidieron ir a buscar entre las montañas la famosa fuente de la felicidad. El que bebía de ella se sentía plenamente feliz. Estaba lejos y el camino era difícil y empinado, pero ellos eran valientes y aventureros.

   Andaban, descansaban y pasaban las noches en tiendas de campaña. Estaban muy cansados, el camino transcurría entre zarzas, se caían y se hacían rasguños, pero seguían adelante. Algunos no quisieron seguir, pero los más fuertes habían decidido encontrarla.

  Llegaron a un camino sin huellas, casi nadie había pasado por allí; aunque dudando y perdiéndose, seguían empeñados en su meta. Por fin ¡la fuente! El agua es fresca, pero es agua como las demás; sin embargo, se sienten felices y comentan: lo que nos da felicidad es el esfuerzo.




ORACIÓN:

¡Oh Dios!
 Envíanos locos,
 de los que se comprometen a fondo
 con tu Iglesia y con tus hijos,
 de los que se olvidan de sí mismos,
 de los que aman con algo más que con palabras,
 de los que entregan su vida de verdad y hasta el fin.

 Danos locos, chiflados, apasionados,
 hombres capaces de dar el salto
 en la inseguridad del Evangelio,
 hacia la creciente incertidumbre de la pobreza;
 que acepten diluirse en la muchedumbre anónima
 sin pretensiones de colgarse una medalla,
 no utilizando sus cualidades
 mas que en provecho de sus gentes.

 Danos locos, Señor,
 locos del presente,
 enamorados de una forma de vida evangélica,
 liberadores eficientes de los que no cuentan para nadie,
 amantes de la paz,
 puros en su corazón,
 resueltos a nunca traicionar,
 capaces de aceptar cualquier reto,
 de acudir inmediatamente donde Tú los llamas,
 libres y obedientes,
 espontáneos y tenaces,
 tiernos y fuertes.”




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